Esperanza y Decepción

Estos son los resultados de la Cumbre en el Vaticano por los abusos sexuales dentro de la iglesia católica.   

Por: Verónica Ruiz Nava

Querido Pueblo Mío: Católicos o no, el misticismo, lo ceremonial, lo hermético en los procedimientos del Derecho Canónico y el Vaticano ha permitido que los responsables de delitos como lo son el abuso sexual, la violación sexual y la pedofilia o pederastia salgan incólumes o a salvo de cualquier tipo de sanción real, ya sea por autoridades civiles o católicas.

Los casos de abuso y violaciones sexuales no se limitan a la iglesia católica, muchas otras iglesias e instituciones igual de herméticas han ocultado los casos por años.

La principal institución en donde se acallan a las víctimas es la familia. Las familias obligan a las víctimas de abusos a aguantarse, a callar; bajo el argumento de “los trapos sucios se lavan en casa”.

La segunda institución que goza de un fuero especial para conocer de sus propios casos es la milicia. El ejército, celosamente, ha guardado los secretos más terribles con tal de preservar el honor, la fortaleza institucional y la autoridad moral más allá de la de la fuerza que el Estado ya les concedió.

El mundo del futbol lleva a cabo “novatadas” y prácticas crueles dentro de sus gimnasios, vestidores y baños. Tratos degradantes que la víctima prefiere callar.

El valor de enfrentar el escarnio social por un abuso sexual o una violación sexual es enorme. La víctima tendrá colgado en su cuello una letra escarlata que diga “violada” de por vida. Muchas víctimas antes de ello prefieren el suicidio.

Del 21 al 24 de febrero de 2019 se llevó a cabo la “Cumbre sobre la Protección de los menores en la iglesia” en el Vaticano. Es el más reciente encuentro entre el Papa, obispos y víctimas para exponer la posición de la iglesia católica frente a los abusos y violaciones sexuales. Es decir, la presencia de los Presidentes de las Conferencias Episcopales de cada uno de los países en donde el catolicismo tiene presencia, México incluido.

Destaca la declaración del Cardenal alemán Reinhard Marx, Arzobispo de Múnich y Presidente de la Conferencia Episcopal Alemana. Hizo público para presentes y para la prensa del mundo que la alta iglesia católica destruyó archivos sobre los autores de abusos sexuales; las víctimas fueron las reprendidas y silenciadas; se ignoraron los procedimientos y trámites fijados para perseguir esos delitos por el Estado Vaticano; y criticó que bajo el “Secreto Pontificio” se justifiquen y encubran los abusos y las violaciones sexuales por miembros del clero católico.

En una institución tan hermética como lo es la iglesia católica, el simple hecho de abrir las puertas a una cumbre cubierta por medios de comunicación es pavoroso. La crisis de la modernidad se hace presente cuando cada una de las instituciones que parecían erigidas sobre piedras del tamaño de muros comienza a derrumbarse.

Se trata de un paso previsto por el Papa Francisco. ¿Por qué? Te preguntarás querido lector.

Se debe a que en el 2013 a través de un “Motu Proprio”, el Papa Francisco emitió enmiendas al Código Penal y al Código de Procedimiento Penal del Estado Vaticano. Introdujo delitos como el de tortura y delitos contra los menores, entendidos como los niños, niñas y adolescentes.

También se crearon los tipos penales sobre venta, prostitución, reclutamiento y violencia sexual contra los menores, así como la adquisición, retención o divulgación de material pornográfico.

Finalmente, también se introdujeron delitos como el de Genocidio y el Apartheid.

En 2013 estos nuevos delitos se promulgaron en las normas jurídicas vaticanas. Año en que también el Estado Vaticano compareció ante la ONU (Organización de las Naciones Unidas) para explicar los casos de abuso sexual cometidos contra niños por religiosos.

Finalmente en 2019 se da un jalón de orejas real por parte del Papa al abrir las puertas del Vaticano a una Cumbre deshonrosa y declarar “Conviértanse y entréguense a la justicia humana y prepárense a la justicia divina”. No se trata de una pena como la prisión pero por lo menos es un paso a favor de las víctimas.

Las víctimas que acudieron por supuesto que están desilusionadas, ni el Papa ni los participantes establecieron medidas concretas para evitar los abusos y violaciones sexuales ni se pronunciaron sobre enjuiciamientos a los religiosos delincuentes.

Las víctimas, la memoria de las que ya están muertas merecen más que un “jalón de orejas”, merecen que la ley se cumpla.

Verónica Ruiz Nava
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Abogada experta en derechos humanos y derecho constitucional. Imparto conferencias y soy trotamundos poblana.